Es importante encontrar condiciones de cultivo no sólo para que las células
crezcan y se dividan rápidamente sino también para que la mayor parte de ellas expresen su capacidad
de rediferenciación y biosíntesis para una o varias substancias de interés. En varios de los estudios
sobre cultivos de células y tejidos vegetales esto se ha tratado de resolver variando los componentes
de los medios de cultivo [3][4][5] y las condiciones físicas y
fisicoquímicas de los procesos [6], aprovechando las ventajas que ofrece la
rápida respuesta de las células in vitro ante pequeños cambios en su medio ambiente con respecto a las
plantas crecidas por métodos tradicionales.
Los primeros medios utilizados en cultivo de células y tejidos vegetales fueron semisintéticos.
Frecuentemente contenían extractos o complejos orgánicos como agua de coco, hidrolizado de caseína
y extracto de levadura. Actualmente, la mayoría de los medios son de composición conocida (Tabla 2),
estando constituidos básicamente por cinco grupos de ingredientes: nutrientes inorgánicos, fuente de
carbono, fuente de nitrógeno, vitaminas y reguladores del crecimiento que in vivo son sintetizados por
una parte u órgano de la planta para luego ser transportados a otros órganos donde se metabolizan y/o
acumulan [7][4]. Las fuentes de nitrógeno más comunes son el nitrato y
amonio, pero también se han utilizado urea, hidrolizado de caseína, extracto de levadura y aminoácidos,
entre otros. La fuente de carbono más empleada es la sacarosa o glucosa y en menor grado la maltosa,
galactosa, almidón y melaza. Los micronutrientes, generalmente adicionados al medio de cultivo en forma
de sales, son utilizados por las células como cofactores enzimáticos, como el molibdeno para la nitrato
reductasa y el magnesio para algunas cinasas [8][9].
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